Capítulo 7
Por la mañana, Yunho
bajó del ascensor. Pasó frente al escritorio de su secretaria y le dejó un
papel amarillo.
—Bloquea estos
números, por favor —pidió a la velocidad que se movía rumbo a su oficina.
Mientras tanto,
Jaejoong presionaba el pedal de su máquina de coser con cuidado, no fuera a ser
que la costura no quedara perfecta. El teléfono lo sobresaltó. La distracción
hizo que la máquina comenzara a tragarse la tela cual monstruo hambriento e
impiadoso, y Jaejoong no pudo más que tironear para que la soltara. No hubo
caso. La gasa se rajó: el vestido estaba roto. Soltó una maldición. Para colmo,
cuando llegó al teléfono, este paró de sonar.
Dejó escapar un
suspiro de frustración y se sentó en el silloncito que estaba junto al
teléfono. Intentaba serenarse para poder pensar con mayor claridad qué iba a
hacer ahora que su trabajo se había arruinado, pero la campanilla interrumpió
sus cavilaciones.