Capítulo 15
NADIE cuidó
mejor de Hye en el último tramo de su vida que Bin. Se habían conocido
trabajando en un hotel en el que ambas eran mucamas. Al poco tiempo, Hye había
sido despedida por problemas en la columna, pero Bin permaneció en su vida como
su gran amiga.
Limpiaba la
casa, atendía a Hye, preparaba la comida a Yunho como una segunda madre. Él
trabajaba repartiendo pizzas de día y estudiaba de noche, había tenido que cambiar
de turno y aun así debió dejar dos materias. Fue en ese último tiempo que Yunho,
como Bin tenía la edad de su madre y hacía tanto por ellos, le tomó un cariño
especial, una devoción que llevaría en su corazón por siempre.
Cuando Hye murió,
Yunho y Bin estuvieron más unidos que nunca. Abrazados, solos en medio del
entierro y la desolación. Yunho estaba indefenso, por eso ella lo protegió, y
él se dejó proteger. La vida estaba siendo muy dura con aquel muchachito que
siempre había demostrado tener un alma demasiado sensible, demasiado profunda
para un mundo vacío de amor y de confianza.
Pero el que
parecía débil resultó ser bastante fuerte. Quizás fue la secreta promesa que su
madre le hizo iluminada por el sol del invierno o que con cada dolor él se hacía
más insensible, levantaba un muro más sólido para no sufrir, pero no se dejó
vencer. Continuó trabajando y fue uno de esos mediodías cuando encontró algo
interesante en el diario que compraba el dueño de la pizzería.