Capítulo 13
Me presentaron a la
víbora que Yunho llamaba “madre” en el primer día de septiembre, justo un par
de meses después de nuestro primer aniversario. Llegamos a la casa colonial de
dos pisos alrededor de las cuatro en punto. De inmediato comencé a retorcerme
mis manos. Yunho estacionó al lado de una gran fuente que estaba arrojando agua
bruscamente hacia mí. Aparté la vista ya sintiéndome desairado.
—Es sólo una estatua,
Duque —dijo él sonriendo al ver mi expresión—. Ella no muerde. Me he sumergido
estando ebrio varias veces en esa fuente, debería saber.
Sonreí débilmente y tomé
el camino más largo alrededor del auto para evitar mirarla.
Yunho me tomó firmemente
por el codo mientras nos acercábamos a la puerta. Tenía la sensación de que él
pensaba que yo iba a correr. Quería hacerlo.