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Bajo el rojo sangre de la Luna: Capitulo 14

Capítulo 14


—No me dijiste, Yoochun, que nuestro Shim Jaejoong rivalizaba en belleza con esos cuadros de Afrodita que tienes cerrados bajo llave en tu estudio.
Jaejoong se ruborizó al inclinarse para hacer una reverencia al esposo del duque. Había subido la larga escalera de la residencia de los duques hecho un manojo de nervios. Para empezar, encontrarse con Changmin al lado del coche familiar y descubrir que estaba convencido de que habían hecho el recorrido juntos era una experiencia desconcertante. Su hermano le hablaba como si no pasara nada de nada, y a Jaejoong le resultó más difícil de lo que creía responder como si nada sucediera.
Y ahora que había llegado al final de la fila de invitados, el estómago le daba saltos y tenía las mejillas como el tomate.
—Oh, levántate Jaejoong. No te importa que te llame Jaejoong, ¿verdad? No me gustan mucho las formalidades, al contrario que a mi pomposo marido y, después de todo, vamos a pasar mucho tiempo juntos.
Jaejoong miró al duque, que acababa de saludar a su hermano y miraba afanosamente a su esposo.
—No haga caso a mi esposo; está embarazado —dijo poco después, estrechando la mano de Jaejoong —. Buenas noches, princesa Shim. Gracias por venir.
El duque lo miraba con amabilidad y Jaejoong se dio cuenta de que le costaba creer que tan solo la noche anterior hubiera estado en la casa de Yunho, casi dispuesto a condenarlo a muerte.
—Gracias, Excelencia —respondió Jaejoong con educación.
—Oh, llámale Yoochun, querido. ¡No seas tan formal!
Aunque sorprendido de nuevo por la forma en que la Junsu trataba al duque, Jaejoong estuvo a punto de echarse a reír al oír la conversación de la pareja.
—Junsu, estamos en compañía educada…
Junsu interrumpió a su esposo sin reparos.
—Tonterías, se trata de Jaejoong. Mira, incluso su hermano se ha alejado para esperarlo con… maldita sea… ¿cómo se llama esa querida señora?
—Lady Yoon Joon —dijo Jaejoong, apretando los labios para no soltar la risa.
—Sí, claro. En cualquier caso, querido esposo, sólo un tonto no se daría cuenta de que este querido niño ha sido profundamente herido por tu indiscreto comportamiento de anoche.
Yoochun frunció el entrecejo con malestar mientras el buen humor desaparecía del rostro de Jaejoong.
—Lo que ocurrió fue inevitable. Ya conoces nuestras leyes —dijo en voz baja para que nadie oyera la conversación.
— ¡Tonterías, Park Yoochun! Si yo hubiera estado allí, como quería, habría podido ayudar, habría dicho enseguida que nadie necesita pronunciar palabras tan desagradables como muerte.
Yoochun dejó de esforzarse por mantener una conversación sensata con su esposo, y se dirigió a Jaejoong.
—Soy consciente de que sabes muy poco sobre nosotros y nuestra forma de vida, Jaejoong, pero con el tiempo aprenderás que hay buenas razones para que existan unas leyes tan estrictas, y las apliquemos incluso cuando no deberíamos. —Al ver que su esposo estaba a punto de hablar otra vez, Yoochun le puso una mano en el hombro, deteniendo así en seco lo que estuviera a punto de decir.
Jaejoong vio entonces que el aire de despreocupación del aristócrata se había desvanecido para ser reemplazado por el aura de señor del Clan del Norte.
—Sea como sea, siento la aflicción que sufriste en nuestras manos. Te aseguro que ahora que Yunho es tu guía, ningún vampiro ni humano te hará daño.
Jaejoong no estaba muy seguro de a qué se refería el duque, pero reconocía la buena voluntad cuando la oía, lo que hizo disminuir en buena medida el resentimiento que aún abrigaba.
—Sí, sí, palabrería —interrumpió Junsu con ligereza. Volviéndose a Yoochun, añadió—: Querido, vas a tener que quedarte aquí en la puerta. Voy a llevar a Jaejoong a dar una vuelta por el salón de baile.
—Junsu, quedan invitados a los que saludar.
Junsu arrugó la aristocrática frente.
—Y estoy seguro de que comprenderán mi ausencia, amor mío, cuando les digas que estoy embarazado. —Y colgándose del brazo de Jaejoong se alejó con él antes de que Yoochun tuviera tiempo de protestar.
— ¿No se enfada contigo? —preguntó Jaejoong con asombro mientras el hombre se dirigía en línea recta hacia Lady Yoon Joon y Changmin.
—Querido, le da pánico enfadarse conmigo en mi estado —respondió Junsu con regocijo.
— ¿Y qué tiene que ver lo uno con lo otro? —preguntó Jaejoong, desconcertado.
—Nada —dijo Junsu —, pero mi dulce Yoochun está convencido de que las y los  embarazados en cierto modo se vuelven inválidos. No me deja levantar ni siquiera un plato de porcelana, y últimamente está convencido de que no debe irritarme porque eso podría ser perjudicial para el niño.
La risa de Jaejoong engendró un encogimiento de hombros en la excéntrica de Junsu.
—De todas sus suposiciones, es la única que me es favorable, así que me conviene dejarle creer lo que cree.
—Si no os importa que lo diga, Excelencia, no sois precisamente lo que había esperado.
Junsu esbozó una sonrisa deslumbrante cuando llegaron a la altura de la pareja hacia la que habían estado dirigiéndose.
—Luego no digan que nunca han visto a un hermoso moreno con una barriga tan grande.
Jaejoong se echó a reír y se dio cuenta de que, por absurdo que pareciera, se sentía totalmente a gusto. Todo el nerviosismo se le había desvanecido tras unos momentos al lado de aquel hombre, que no parecía tener más de cuarenta años y que era, desde luego, muy hermoso.
—Excelencia, veo que habéis tenido la gran amabilidad de traer a Jaejoong —dijo Lady Yoon Joon, sonriendo como una clueca satisfecha. Estaba encantada de que a alguien de tanta trascendencia como la esposa del duque le hubiera gustado su protegido y ardía de impaciencia por contarlo por todas partes.
—Me temo que he de decepcionar a ambos durante algún tiempo más. Me he empeñado en enseñarle a Jaejoong las habitaciones —dijo Junsu sonriendo a la anciana señora y luego al joven príncipe.
Changmin miró orgulloso a su hermano mientras Lady Yoon Joon se apresuraba a asegurar a Junsu que no había ningún inconveniente.
—Si hay alguien bajo este techo a quien pueda confiar a mi pupilo, sois vos, Excelencia — dijo Lady Yoon Joon con toda sinceridad.
—Me siento cruelmente ofendido, señora… ¿No soy yo de confianza para mi propio hermano? —preguntó Changmin fingiendo estar herido en su orgullo.
Junsu rió la broma del joven mientras la anciana le reñía.
—Vamos, sabes que no quería decir eso, príncipe Shim. Sólo estaba…
Jaejoong tendió una mano a su tía y lanzó una mirada a su hermano que decía «compórtate».
—Todos sabemos que no querías decir lo que ha creído mi indiscreto hermano.
— ¿Indiscreto? He de decirte que tengo…
—«Un silencio oportuno es más elocuente que un discurso» —dijo Jaejoong, interrumpiendo a su hermano con la cita de Martin Tupper.
Changmin hizo una mueca, no muy convencido.
— ¿Quién fue el que dijo que el silencio es la virtud de los tontos?
—Muy probablemente un hombre al que le gustaba oír su propia voz —dijo Junsu uniéndose a la broma y guiñándole un ojo a Jaejoong.
Poco tiempo después, Jaejoong estaba sentado al lado de la duquesa en un rincón del gran salón de baile, observando a los bailarines que se deslizaban por la pista.
Era el primer momento de silencio que ellos compartían desde que se habían separado de Changmin y Lady Yoon Joon, y Jaejoong se dio cuenta con cierta sorpresa de que había disfrutado inmensamente durante la última hora.
Junsu, que había insistido en que Jaejoong lo tuteara y lo llamase Junsu, era el hombre más excéntrico y extravagante que había conocido. Junsu siempre decía lo que se le antojaba cuando se le antojaba, y a nadie parecían importarle sus modales poco convencionales. De hecho, tras observar a las docenas de aristócratas que le había presentado, estaba seguro de que Junsu era muy bien considerada por todos.
—Estás muy pensativo, querido —comentó Junsu, cogiendo su taza de ponche.
Jaejoong palpó el raso de su vestido violeta y se preguntó si debía abordar el tema que le había estado quemando durante toda la velada.
— ¿Puedo hablar francamente?
Junsu chasqueó la lengua.
—No seas ridículo, querido, di lo que se te antoje, que es lo que hago yo.
—No estoy muy seguro de lo que debo hacer ahora que tengo un… protector.
Junsu entendió el significado y se removió en su sillón hasta quedar cara a cara.
— ¿Cuáles eran tus planes antes de tenerlo?
Jaejoong no sabía cómo explicar su situación. A pesar de lo franco y testarudo que era Junsu, no estaba seguro de si aprobaría lo que tenía que decirle.
—Mi hermano, hace poco que terminó sus estudios y estaba preocupado por mi… digamos, por mi forma de vida.
Junsu arqueó una ceja, signo seguro de que quería que Jaejoong hablase.
—Nuestros padres —prosiguió el muchacho — murieron cuando éramos muy jóvenes y nuestro único pariente vivo, Lady Yoon Joon, no soporta el campo, bueno, y tampoco los niños… Venía a visitarnos de vez en cuando, pero aparte de eso, Changmin y yo vivíamos con los criados.
»Cuando Changmin fue al colegio y después a la universidad, yo me las tuve que arreglar solo, así que elegí hacer lo que más me gustaba. Leía durante toda la mañana, montaba a caballo y tocaba el piano. —Sintiéndose algo extraño, Jaejoong trató de deducir por la expresión de Junsu si encontraba sorprendente lo que estaba oyendo. Sabía que muchos, en el mejor de los casos, considerarían escandalosa su educación.
Junsu no dijo nada, pero le hizo un gesto con la mano para que continuara, así que Jaejoong prosiguió.
—Así pues, Changmin insistió en que nos mudáramos aquí, supongo que pensando que una vez aquí evolucionaría hasta convertirme en una especia de mariposa social y haría lo que se supone que todas las mujeres y hombres como yo deben hacer.
— ¿Y se puede saber qué es lo que todas las mujeres y hombres deben hacer? —preguntó Junsu con expresión divertida.
—Pues casarse, por supuesto. Y creedme, Excelencia, que casarme es lo último que deseo hacer.
— ¡Te he dicho que me tutees! —advirtió Junsu.
Jaejoong se ruborizó pero no dijo nada. Era difícil despojarse de años de normas de etiqueta en unas pocas horas.
—Todavía no me has dicho qué es lo que deseas hacer.
—Bueno, ciertos… sucesos han sido causa de que el matrimonio sea algo esencial. Así que lo que quiero es encontrar un marido. — Jaejoong miró hacia un extremo del salón en el que varias jóvenes vestidas de blanco esperaban pacientemente que un hombre adecuado las sacara a bailar—. En ese aspecto, no soy diferente de esas debutantes —añadió.
Junsu bufó de manera poco educada.
—Ah, no me hagas reír, querido. Lo único que tienes en común con esas pobres chicas es el vestido. Con tu belleza, tu título y tu fortuna, puedes encontrar un marido en quince días. De hecho, no entiendo cómo no lo has encontrado ya.
Jaejoong se tocó las mejillas, que seguramente estarían rojas por enésima vez aquella noche, y se encogió de hombros.
—Al principio era porque no podía encontrar un hombre que me pareciera bueno para marido. Al oír sus pensamientos, me convencía de que no pensaban más que en una cosa… en partes del cuerpo.
Esta vez fue Junsu el que se echó a reír, poniéndose la mano en el vientre mientras se sacudía.
— ¡Es culpa tuya! Para empezar, no deberías haber leído sus mentes. ¡No me extraña que aún estés soltera! Los hombres son hombres, querido. Primero miran tu cuerpo, pero los buenos pronto reconocen también tu mente.
Jaejoong reconoció esa posibilidad y continuó.
—No era mi intención acercarme al mercado de maridos de esa manera. No supe lo que tenía que hacer para no oír pensamientos ajenos hasta hace poco, cuando Yunho me enseñó.
Junsu volvió a reír, pero se interrumpió cuando vio la expresión grave de Jaejoong.
— ¿Hablas en serio?
—Sí —dijo Jaejoong.
—Oh, querido… — Junsu se detuvo a media frase al entender que el hombre que tenía delante no apreciaría la compasión—. Me habían dicho que tu mente es poderosa, pero ahora dudo que sepan lo poderosa que es. Por favor, continúa, Jaejoong. ¿Y qué deseas ahora? ¿Un marido?
Jaejoong no vaciló al responder.
—Sí.
— ¡Bueno, bien! —dijo Junsu, aplaudiendo como un jovencito—. Eso no será ningún problema, además será divertido.
Costaba creer que iba a ser tan fácil como Junsu lo ponía, aunque Jaejoong se preguntó si sería posible. Lo que Yunho había dicho sobre Changmin era cierto. Su hermano no estaba en absoluto preocupado, ni siquiera era consciente del cambio. Y Heechul había sugerido que siguiera viviendo como siempre… ahora Junsu le decía lo mismo. Puede que todo fuera tan fácil como parecía.
— ¿De verdad crees que sería capaz de encontrar un marido, incluso… con todo esto?
— ¡Por supuesto! Vas a pasar esta temporada conmigo, querido, y resulta que tengo un programa que abarca muchos actos sociales… y buenos partidos.
La sonrisa de Junsu era contagiosa.
—Gracias, Junsu.
—No tienes que darme las gracias, querido —dijo Junsu mirando con picardía a su protegido y bajando la voz al volumen de la conspiración—. Quizá cuando seamos mejores amigos, me contarás qué es lo que te hizo cambiar de opinión respecto al matrimonio.
—Quizá —dijo Jaejoong. No quería compartir sus problemas monetarios con nadie, salvo que no pudiera encontrar una solución por sí mismo. Matrimonio. La palabra bailaba en su mente, cansándolo, disolviendo su anterior felicidad.
—Así que ya estás aquí. — Junsu miró por encima del hombro y Jaejoong se volvió.
— Junsu —dijo Yunho, inclinándose cortésmente sobre su mano—. Espero que te encuentres bien.
—Muy bien, como sin duda puedes ver —dijo, acariciándose el vientre.
Yunho asintió con la cabeza y luego se volvió hacia Jaejoong.
—Princesa Shim —dijo, inclinándose.
—Príncipe Jung —respondió él con igual formalidad tras un momento de silencio. ¿Por qué lo afectaba de aquella manera? Casi temblaba en su proximidad, y los sentidos se le nublaban con su aroma, diferente del de todos los demás.
Yunho se dirigió a Junsu sin apartar la mirada de Jaejoong.
—No tengo mucho tiempo. Cuando veas a Yoochun, sería de gran ayuda que le dijeras que habré terminado su lista inicial al final de la noche.
Jaejoong no sabía a qué se refería y estaba demasiado distraído para preocuparse. Yunho estaba divino con su traje formal. ¿Qué se sentiría al enredar los dedos en aquella mata de pelo?
Jaejoong se dio cuenta de que se había perdido algo cuando Yunho le cogió la mano.
— ¿Os gustaría bailar?
Jaejoong se preguntó durante un breve momento sí tendría derecho a negarse, luego olvidó este pensamiento. ¿Qué importaba si de todas formas no iba a decir que no?
—Sí, muchas gracias —dijo, poniendo la mano sobre la de él, esta vez preparado para el cosquilleo que le recorrió todo el brazo.
Momentos después estaban en la pista, bailando a los sones de un hermoso vals.
— ¿Qué tal va la velada? —preguntó Yunho, rompiendo el silencio que se había creado entre ellos. Jaejoong se echó hacia atrás para verle la cara y responder.
— ¿Es una forma educada de preguntar si le estoy causando problemas a la Excelencia?
Yunho no replicó. Aunque sólo necesitaba unas horas de sueño para rejuvenecer su cuerpo, no había podido descansar y no estaba de humor para enzarzarse en una discusión.
—Veo que ha desaparecido el miedo que me tenías.
—No te tengo miedo, no —dijo Jaejoong, dándose cuenta de que era cierto, según las palabras salían de sus labios. Como no sabía a qué se debía aquello, se sintió incómodo y cambió de tema—. El libro mencionaba a unos Elegidos. ¿Quiénes son?
Yunho observaba a los hombres que le miraban con envidia mientras giraba con Jaejoong por la pista de baile. El fastidio se le notaba en la voz cuando respondió.
—Los Elegidos son una raza legendaria. Se supone que un día honrarán al mundo con su presencia y salvarán a los vampiros de la extinción.
— ¿Extinción? No lo entiendo…
—Tengo cosas que hacer. Estoy seguro de que Junsu estará más que encantado de responder a todas tus preguntas.
Deteniéndose, dobló el brazo y pasó la mano de Jaejoong por el centro.
—Siwon te llevará a casa. He hecho que lleven tu ropa a tu nueva habitación, así que no necesitas ir a casa para cambiarte, como esta tarde.
Pasaron ante dos ventanas abiertas. La brisa primaveral le sentó bien.
—Pero, ¿cómo has hecho…? — Jaejoong se mordió la lengua. Por la expresión de Yunho habría jurado que no le estaba prestando atención. ¡Grosero arrogante! ¡Le habría gustado propinarle un sartenazo en la cabeza!
— ¿Jaejoong? —dijo en voz muy baja cuando estaban a punto de llegar a la altura de Junsu.
— ¿Sí?
—Estás precioso.
Menos mal que Yunho se fue sólo unos segundos después, porque Jaejoong se quedó con la boca abierta y las manos le empezaron a sudar.
—Querido, pareces algo acalorado.
Tras salir del lago de aguas templadas en el que le parecía haberse sumergido, Jaejoong se concentró en Junsu.
—Estoy bien. Sólo estaba pensando, eso es todo.
Junsu lo observó un minuto y luego se dirigió hacia un hombre en el que Jaejoong  no se había fijado hasta entonces.
—Sunjong, te presento a Kim Jaejoong —dijo, volviéndose hacia Jaejoong ojos chispeantes y haciéndole un guiño—. Lord Sunjong es hijo de un buen amigo mío.
Lord Sunjong le cogió la mano y le hizo una reverencia.
— ¿A su alteza le gustaría bailar?
Jaejoong miró a Junsu y luego al hombre, que lo contemplaba sonriendo. Era atractivo según las convenciones al uso, y parecía simpático. Bailaría con él, aunque sólo fuera para quitarse a Yunho de la cabeza.
—Me encantaría.

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Era ya casi la madrugada cuando Siwon apareció para acompañarlo a casa.
—Es sorprendente, ¿verdad? Las tres de la madrugada y nadie tiene ganas de irse.
Siwon miró el salón repleto de gente, pero no hizo ningún comentario.
— ¿Está preparado para irse?
—Sí, aunque no entiendo cómo va a resultar esto. Changmin todavía está aquí y seguro que me buscará.
—Junsu le dirá a su hermano que estaba cansado y se tomó la libertad de enviarlo a casa en su coche.
Jaejoong frunció el entrecejo y buscó a Changmin con los ojos, pero no vio ni rastro de él.
—Puede que se preocupe por mí y se vaya a casa también.
—Junsu le disuadirá.
Era así de sencillo. Aunque la luz del día había traído ciertas revelaciones que daban una imagen de la raza de los vampiros mucho más pacífica de lo que había creído, costaba digerir el poder que tenían.
Recordó un pasaje que había leído aquella mañana en el Libro de la Ley de los vampiros. Recuerda tu fuerza. Una bofetada puede romperles el cuello. Un puñetazo, aplastarles los huesos. Sé consciente siempre de la fragilidad de los humanos.
— ¿Jaejoong?
Jaejoong levantó la mirada y vio a Hyun Joong a su lado. ¡No podía creer que se hubiera olvidado por completo de él! La última vez que habían hablado, habían quedado en que lo recogería por la tarde. ¡Ay, Dios mío! ¿Qué iba a decirle? Tenía que arreglarlo de alguna manera…
—Hyun Joong, yo…
—Por favor, permite que me disculpe —dijo, mirando a Siwon y luego a él de nuevo. Jaejoong no sabía por qué se estaba disculpando, pero estaba claro que Hyun Joong no se lo explicaría si su guardián no les dejaba cierta libertad espacial.
—Enseguida voy, Siwon.
Siwon captó el significado de sus palabras y se alejó en silencio. Jaejoong volvió a concentrarse en Hyun Joong.
—No preguntaré quién era, porque olería demasiado a celos. — Jaejoong sonrió y Hyun Joong sacudió la cabeza. —Huele a celos de todas formas, ¿no?
—Hyun Joong, eres incorregible.
El hombre adoptó una expresión seria y buscó su mano.
—No has respondido a mis notas. Admito que quizá me precipité… pero lo único que quería era demostrarte que voy en serio.
Jaejoong deseó saber qué habría escrito en aquellas notas. Retiró suavemente la mano. Se alegraba de que Hyun Joong fuera en serio, pero una conducta tan impropia podía desatar los rumores, y él no quería correr ese riesgo.
—No me encontraba bien y todavía no he visto la correspondencia. Perdóname.
—Y yo que creía que habías rechazado mi proposición —dijo él, enarcando las cejas.
— ¿Tu proposición…? — Jaejoong casi no pudo pronunciar las palabras. ¿Qué era aquello? ¿De verdad le había hecho una proposición en una nota, sólo unos días después de conocerlo? ¿Por qué no estaba eufórico? Hyun Joong era dulce y encantador, y muy atractivo. Una boda con él resolvería sus problemas económicos y Changmin no sufriría otro ataque…
— ¡Jaejoong, casi puedo ver los cañones volando dentro de tu cabeza!
Volvía a reírse de él, pero esta vez Jaejoong no lo encontraba gracioso. Era demasiado pronto. Si pudiera pasar algo más de tiempo con él…
— ¡Está bien, para ya, de verdad! No me refería a esa clase de proposición. Simplemente preguntaba si me permitirías acompañarte a cenar mañana por la noche a la residencia de los Joo.
El muchacho casi se mareó del alivio que sintió.
—Yo, sí, por supuesto que puedes.
—Bien, bien. Entonces pido permiso hasta entonces —dijo, cogiéndole la mano y llevándosela a los labios.
—Hasta entonces —respondió Jaejoong, volviéndose hacia las grandes puertas del salón del baile.
— ¿Jaejoong? —llamó Hyun Joong cuando Siwon ya estaba a su lado.
— ¿Sí?
—La otra proposición llegará muy pronto.

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Yunho estaba sentado en su salón cuando los primeros rayos del amanecer atravesaron la negrura del cielo. Tenía las botas apoyadas en una otomana y miraba la segunda manecilla del reloj que había en la repisa de la chimenea. Estaba cansado, pero no podía dormir.
La primera lista de candidatos no había puesto al descubierto ningún asesino, aunque a pesar de haberlo previsto le resultaba doloroso. Parecía que en su vida no podía haber nada sencillo.
Jaejoong. Era extraño que en su mente se hubiera convertido en sinónimo de dificultad.
Jaejoong le había hecho desear, y era una sensación contra la que se sentía obligado a luchar. No podía permitirse esa distracción, ahora no, no cuando su pueblo estaba en peligro y tenía responsabilidades que cumplir.
Volvió a ver la expresión del rostro del joven que había observado al arrodillarse ante él aquella mañana. Jaejoong quería a su hermano, de eso estaba seguro. Podría haberle pedido cualquier cosa en aquel momento y habría consentido. Algunos podrían considerar su cariño fraternal una estupidez, pero Yunho lo comprendía.
Él habría muerto por Seol si le hubieran dado esa posibilidad. Y creía que Jaejoong sería capaz de hacer lo mismo por su hermano.
— ¡Maldito chico! —Estaba bajo su techo y bajo su piel. Le estaba volviendo loco lentamente. Lo imaginaba durmiendo en paz, tan solo una habitación más allá de la suya, con el cabello desparramado sobre las almohadas…
— ¿Yunho?
Yunho creyó durante un momento que su mente le estaba jugando una mala pasada; en su campo visual apareció una sábana blanca por debajo de la cual asomaban dos pies humanos.
—Oí un ruido y pensé… bueno, no sé qué pensé. No es que vaya a haber nada que pueda asustarme, salvo… —la voz de Jaejoong se apagó cuando sus miradas se encontraron.
— ¿Vampiros? —preguntó Yunho, mientras el joven se ajustaba las sábanas en los hombros. Se notaba que estaba incómodo, pero él no lo tranquilizó. Ya era hora de que supiera de la existencia de Seong Min. Existía un peligro y él tenía que estar en guardia.
—Siéntate Jaejoong. Ya que estás despierto, hay cosas de las que tengo que hablarte.
Jaejoong asintió como un niño dócil. Yunho se preguntó cómo se las arreglaba para hacerlo. ¿Cómo podía parecer tan frágil un momento y al siguiente tan fuerte?
— ¿Sí? —dijo, mirándolo con cierta cautela. Le gustaba que lo mirase así. Cuando levantaba la barbilla con aire desafiante para mirarlo, le resultaba especialmente difícil resistirse a él.
—Deberías saber que vine con una misión específica. Hay un vampiro que ha infringido nuestras leyes, se llama Seong Min. Estoy aquí para localizarlo y presentarlo ante la justicia.
— ¿Qué leyes ha quebrantado ese Seong Min?
—Muchas. Para empezar, las dos primeras.
Jaejoong miró hacia la oscuridad que quedaba más allá de la ventana.
—Bebió sangre humana —dijo Jaejoong. No era una pregunta, así que él no respondió. Pensó que quizá había sido un error darle el Libro de la Ley. Su memoria era demasiado buena, y con su mente siempre curiosa era muy probable que hiciera muchas preguntas.
—Vas a matarle, ¿verdad?
—Sí —dijo. No tenía sentido mentir. Cuando encontrara a Seong Min, lo presentaría ante una asamblea y sería él, como jefe del clan al que pertenecía Seong Min, el encargado de aplicar el castigo.
—Así que te pasas el día buscándolo.
—A él y al asesino.
Jaejoong sintió un escalofrío.
— ¿Un asesino?
—Un humano que conoce nuestra existencia y ha decidido que tiene que matarnos.
—Lo siento.
Yunho vio su tristeza y no entendió el motivo.
— ¿Por qué? No es culpa tuya. Hay asesinos humanos al igual que hay asesinos vampiros.
Jaejoong se encogió de hombros; eso ya lo sabía.
—Siento que tengas una responsabilidad tan difícil. No debe de ser agradable matar a nadie, por muy buenas razones que se tengan.
Sus palabras eran inocentes, ingenuas casi, pero le hicieron sentir calor. Se puso en pie y le tendió la mano.
—Vamos, tienes que dormir y yo tengo cosas que hacer.
Jaejoong cogió la mano que se le ofrecía sin vacilar. Subieron las escaleras en silencio.
—Siwon te llevará con Junsu por la mañana.
Jaejoong asintió con la cabeza y al hacerlo un mechón de pelo le cayó sobre la cara. Sin pensarlo, Yunho alargó la mano y se lo colocó tras la oreja.
Vio sorpresa en su rostro y después pasión. Apenas pudo contener un gruñido. Su cuerpo ardía por Jaejoong.
—Buenas noches —dijo. Dio media vuelta y estaba a punto de entrar en su cuarto cuando un pensamiento le detuvo.

No te vayas.

Yunho se fijó en sus labios abiertos, en la pasión que reflejaban sus ojos negros, en la confusión… Jaejoong no podía saber lo que había provocado en él, que era un experto en ocultar sus sentimientos. Él pensaba que gobernaba totalmente sus sentimientos, pero Jaejoong le había puesto de manifiesto que estaba equivocado.
Dio dos pasos hacia Jaejoong y Jaejoong retrocedió sobresaltado, y se detuvo al llegar a la pared. Yunho le enmarcó el rostro con las manos, con los ojos clavados en su suave boca y luego en sus pupilas.
Jaejoong contuvo la respiración. Podía oír los latidos de su corazón acelerándose. Yunho vio la incertidumbre en sus ojos, la lucha, pero ya había terminado con las preguntas, para Jaejoong y para sí mismo.
Yunho dejó a un lado sus dudas y se inclinó sobre el muchacho, uniendo sus labios a los suyos. El contacto fue como una descarga eléctrica. Los labios que lo besaban eran suaves y duros a un tiempo. Jaejoong cerró los ojos poco a poco y sus hombros perdieron parte de la tensión.
Yunho reconoció al momento la inexperiencia del joven, aunque el dato no enfrió su ardor. Le cogió el rostro entre las manos y siguió saboreando sus labios con avidez.

Abre la boca.

Jaejoong obedeció y dio un respingo al sentir la lengua del hombre dentro de la boca.
Yunho. El hombre oyó la desesperación en la mente del muchacho, en los dedos aferrados a él.
Cuando lo sintió suspirar, lo besó con más pasión, con más profundidad. Yunho se olvidó de su inexperiencia y estrechó a Jaejoong con fuerza. Era como si fuera la primera vez que daba un beso; en casi doscientos años no había sentido con tanta intensidad como en aquellos instantes.
Ven conmigo, pensó con energía, pasa conmigo esta noche.
Jaejoong volvió en sí lentamente al captar el significado de aquello. ¿Qué estaba haciendo? Santo Dios, estaba besando a un vampiro. No, al jefe de un clan de vampiros. Debía de haber perdido la cabeza, era la única explicación.
—Basta —dijo apartándose. Yunho retrocedió inmediatamente, transformado ante sus ojos en el hombre sereno que siempre era. Enderezó la columna y adoptó su habitual expresión impasible. Jaejoong lo miró; no estaba muy convencido de no haber imaginado todo aquel episodio hasta que vio sus ojos. Seguían ardiendo, y lo que el cuerpo de él sentía… —No puedo —dijo, sintiéndose estúpido y confuso. Se sentía satisfecho porque él había respondido a su demanda, pero una parte de Jaejoong deseaba ser besado de nuevo—. Yo… —fue a decir, pero no pudo continuar. El cerebro le iba al galope tratando de poner las cosas en orden. Si estaba con Yunho, tendría que olvidar toda posibilidad de matrimonio, y entonces Changmin sufriría…
—Vete a dormir. —La voz de Yunho era fría. El fuego había desaparecido de sus ojos y había vuelto a ser el príncipe arrogante.
Jaejoong lo miró y se dio cuenta de que el hecho de que fuera un vampiro no lo molestaba ni la mitad que aquella arrogancia. ¡Maldito fuera aquel hombre! ¿Cómo podía ser tan irritante?
— ¡Muy buenas noches! —dijo mientras su confusión se convertía en ira.
Yunho le cogió el brazo cuando se volvió para abrir la puerta. Su expresión ya no era impasible cuando lo miró.
—Me dijiste que me detuviera y así lo hice. Explícame la causa de esa ira. ¿O quizá estás enfadado contigo mismo por haber besado a un vampiro?
— ¡Estoy asustado! —admitió Jaejoong medio gritando.
— ¿Asustado de mí? —dijo él, sorprendido.
—No —dijo Jaejoong en voz más baja—, de lo que me haces sentir.
Yunho calló ante esta revelación y Jaejoong siguió hablando, inseguro de cómo explicarlo, incluso de por qué daba explicaciones.
—Nunca había querido a nadie, y quererte me da miedo.
Yunho siguió callado unos momentos.
—Vete a dormir, Jaejoong.
Jaejoong miró su rostro, que le pareció más suave y más amable. A pesar de lo ingenuo que era, entendió el significado de su mensaje. Jung Yunho retrocedía.
Sintiéndose muy joven y tonto, asintió con la cabeza y entró en su cuarto.

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—Aquí están los planes para la búsqueda de mañana —dijo Heechul, arrojando un pergamino sobre la mesa—. Se están acercando. Harías bien en mudarte a otra casa.
Seong Min sonrió lentamente. Era tan placentero manipular a otros…
—Gracias, querido. Sin ti, no tendría libertad para buscar a ese asesino. Dime, ¿han hecho algún progreso por ese lado?
Heechul estaba consternado mientras se paseaba por el suelo de mármol del vestíbulo de Seong Min.
—No. No han hecho ninguno, aunque estoy seguro de que el príncipe lo hará algún día. Es… formidable.
—Sí que lo es —admitió Seong Min, pensando en Jung Yunho.
—Es increíble que una leyenda viva pueda estar tan…, bueno, tan cercana.
— ¿A qué te refieres? —dijo Seong Min, apoyándose en la pared con aire indiferente. Ya llevaba un tiempo observando al príncipe y tenía un gran interés por cualquier dato que Heechul pudiera darle.
—Bueno, la manera en que se comportó con Won Hong, por ejemplo…
— ¿El muchacho que acaba de celebrar su iniciación? — Seong Min se dio cuenta de que había cometido un error al ver que Heechul le dirigía una mirada recelosa y añadió rápidamente—: Me lo contaste la semana pasada.
Heechul pareció creerle y continuó.
—Sí, ese muchacho. El príncipe fue muy amable con él, aunque normalmente es muy seco. Habla poco y nunca sonríe, pero con Won Hong fue muy considerado.
Seong Min empezó a esbozar una sonrisa, pero la deshizo de repente. Aquello era perfecto, sencillamente perfecto.
—Ya veo. Muy bien, Heechul, deberías irte. Pronto amanecerá y no queremos que te echen de menos —dijo, abriendo la puerta al aire frío, deseoso de que e hombre se fuera.
—Tienes razón, claro —dijo él, calándose la capucha. Pasando por su lado, desapareció en la niebla matutina.
—Won Hong. —Seong Min pronunció el nombre en voz alta. Al parecer, el pequeño Won Hong se había ganado el cariño del príncipe y eso era sencillamente perfecto.
Jung Yunho era su clave para el éxito. El vampiro más fuerte, el guerrero que había matado a docenas de asesinos en una sola noche, sería el que ganara la próxima guerra de los vampiros.
Seong Min sabía, por las anécdotas y leyendas que se transmitían, que la noche en que Yunho había terminado con la era de los asesinos de vampiros, su hermana había sucumbido. La ira alentó el brazo del guerrero, así que Seong Min proporcionaría al príncipe ira de sobra.
Al día siguiente visitaría al asesino de vampiros. Seong Min había puesto al asesino frente a la vampiro visitante y el resultado había sido perfecto: la muerte del vampiro débil les había hecho desear la guerra. Y ahora Seong Min se ocuparía de que el asesino matara al muchacho para asegurarse la cooperación de su aliado más fuerte.

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Siwon ayudó a Jaejoong a bajar de la carroza ducal.
—Junsu y Heechul os esperan dentro —dijo, señalando un pequeño establecimiento conocido por sus deliciosos bollos y su aromático té.
—Gracias, Siwon.
—De nada. Vendré más tarde a recogeros —dijo, señalándole la cafetería y quedándose donde estaba. Jaejoong sabía que él no se iría hasta ver personalmente que entraba, y saberlo casi le hizo sonreír.
Dentro del edificio había varias personas sentadas alrededor de mesas con manteles de encaje blanco, con teteras y platos de cerámica.
Jaejoong recorrió el atestado salón con la mirada hasta que un reflejo rojo captó su atención. Heechul era muy fácil de distinguir con aquel hermoso cabello.
—Pareces una hoguera —dijo Jaejoong, sentándose al lado de su amigo.
— ¡Ya estás aquí! —dijo Heechul alegremente. Había estado esperando con impaciencia mal contenida mientras miraba los pastelillos de las mesas de alrededor—. Por Dios, Jaejoong, estoy seguro de que engordaré cien kilos esta misma tarde si me dejo llevar por el impulso que me oprime.
—Esas tartaletas tienen un aspecto divino, ¿verdad? —respondió Jaejoong riéndose—. Quizá deberíamos pedir al camarero que nos traiga una muestra de todo lo que tienen.
—No te atrevas ni a insinuármelo —dijo Heechul, fingiendo horror—. Yo lo haría, sabes que lo haría.
Los dos callaron cuando el camarero, tras percatarse de su presencia, puso delante ellos un carrito con docenas de pasteles, tartas y otros manjares.
— ¿Puedo ofrecerles algo de nuestra selección de pastelería? —preguntó con educación.
Jaejoong casi se echó a reír cuando Heechul se puso el dedo enguantado en la boca, para pensar. Tras varios segundos de completo silencio, el pelirrojo señaló varios dulces de la bandeja, sin mirar ni una vez el rostro del camarero.
—Tomaremos éste, ése, ése, ése y aquél. Ah, y ése también —dijo Heechul con altanería.
— ¡Ay, Heechul, tenías que haber visto su expresión! —dijo Jaejoong riendo cuando el camarero se fue, anunciando que serviría el té enseguida.
—Sinceramente, me importa un comino. El establecimiento ganará una pequeña fortuna con nosotros, ¿qué más quieren?
—Cierto —dijo Jaejoong. Al ver el tercer juego de cerámica en la mesa, cayó por primera vez en la cuenta de que Junsu no estaba presente.
— ¿Dónde está su Excelencia?
— ¡Jaejoong, por favor, te dije que me llamaras Junsu! —dijo este acercándose a la mesa en aquel preciso momento. Un camarero corrió a ponerle la silla cuando se sentaba.
— ¿Qué me he perdido?
—Acabo de pedir todo lo que tienen en la cocina. Aparte de eso, nada, Excelencia —dijo Heechul.
—Bueno, eso está bien, pero dudo que sea suficiente. Me siento como si tuviera una colonia muerta de hambre en el estómago —protestó Junsu en el momento en que cuatro hombres con guantes blancos depositaban bandejas de dulces en la mesa—. Bien, muy bien. Si siguen viniendo así, hoy voy a ser un personas muy feliz.
Jaejoong se mordió el labio y tomó la delantera.
—Si estás de tan buen humor, entonces quizá pueda pedirte un favor.
Junsu se apartó de la boca el bollo que estaba a punto de morder.
—Jaejoong, sabes que no necesitas pedir favores, sólo tienes que pedirme lo que quieras y, si puedo, te ayudaré.
—Muy bien, ¿recuerdas nuestra conversación de ayer en el baile, sobre maridos? Bueno, un pretendiente me ha pedido acompañarme a una cena que se celebra esta noche en la residencia de los Joo y me preguntaba si sería posible que asistiéramos. Sé que no puedo ir sin ti y…
—No digas nada más. Claro que podemos ir. No tengo nada planeado, así que es una opción mucho mejor que no hacer nada. Enviaré una nota a los Joo para conseguir invitaciones. Lo único que tienes que hacer, querido, es citar a tu soltero en la cena.
—Gracias —dijo Jaejoong, aliviado al oír que todo se desarrollaba según sus deseos. Después de lo que había ocurrido aquella misma madrugada, sabía que tenía que alejarse de Yunho todo lo posible y concentrarse en conseguir un marido. Aunque no era probable que Yunho volviera a acercársele con la misma intención después de haberlo rechazado, Jaejoong no quería arriesgarse. Si aquella madrugada le había enseñado algo, era que no era capaz de pensar con claridad cuando Jung Yunho lo besaba.
Cogió un pastelillo.
— ¿Y quién es ese hombre? —quiso saber Heechul.
Jaejoong tragó el bocado y bebió un sorbo de té caliente para diluir el sabor del pastelillo.
—Se llama Hyun Joong.
—Mmmm, Hyun Joong —repitió Heechul cerrando los ojos—. Una vez conocí a un Hyun Joong. Nos conocimos en un pueblecito de las afueras de una gran ciudad.
Junsu se rió.
—Parece que todas tenemos un Hyun Joong en común, queridos. Cabello castaño oscuro y ojos negros como la noche. Han pasado más de trescientos años y aún recuerdo sus ojos.
— ¿Trescientos años? —dijo Jaejoong, mirándolo boquiabierto. ¿Cómo es que no había pensado antes que los vampiros no viven el mismo tiempo que los humanos?— Entonces, ¿sois inmortales?
—Oh, no —dijo Heechul rápidamente. Añadió un terrón de azúcar al té y lo removió lentamente mientras Junsu atacaba el cuarto pastelillo.
—Podemos vivir unos seiscientos años, aproximadamente, aunque la mayoría de los vampiros no llega a cumplir tantos.
— ¿Por qué no?
Heechul tomó un sorbo de té y se encogió de hombros. No le gustaba pensar en la mengua de la pasión, como tampoco a los humanos les gustaba pensar en la muerte.
—Vivir tantos años no es tan fácil como parece —dijo Junsu con expresión triste, recordando a los muchos amigos que habían optado por irse al otro mundo—. Llega un momento en que la oscuridad empieza a invadir el alma y ya nada resulta satisfactorio. ¿Cuánto crees que puede escribir un escritor antes de que deje de producirle placer hacerlo?
Jaejoong no sabía la respuesta. Ni siquiera podía imaginar lo que era vivir tantísimo tiempo.
—Yo antes escribía. Durante unos cien años de mi vida, me daba más alegría que ninguna otra cosa. —Dejando la taza sobre el platillo, Junsu se estremeció para sacudirse de encima la melancolía—. No he tocado una pluma en años. Las palabras que antes me proporcionaban placer ya no me llegan al alma. — Junsu movió la cabeza, como para despejarse, y se echó a reír—. Escucharme hace que todo suene muy trágico. Pero todavía me queda mucha alegría dentro.
Jaejoong no quería continuar con un tema que, obviamente, ponía incómodos, pero no lo entendía y tenía la sensación de que se estaba perdiendo algo importante.
—No lo entiendo. ¿Los vampiros mueren cuando pierden la pasión?
Heechul negó con la cabeza.
—No. La pérdida de la pasión lleva a la pérdida de las ganas de vivir. Muchos vampiros, al llegar a los cuatrocientos años, prefieren irse.
Suicidio. Jaejoong entendió lo que Heechul estaba diciendo, aunque no entendía por qué alguien podía hacer algo así. Mientras hay vida hay esperanza, ¿no decían eso?
Claro que después de pasar cien años siendo desgraciado, quizá pensara de otra manera.
Entonces recordó algo que Yunho le había dicho dos días atrás.
— ¿Tiene eso alguna conexión con que vuestra raza se esté extinguiendo?
Ambos vampiros lo miraron sorprendidos, como esperando que aclarase la pregunta.
—Yunho lo mencionó de pasada pero no me explicó nada más —añadió Jaejoong.
Junsu apartó su bandeja con una mueca que significaba que estaba lleno.
—Se está extinguiendo, cierto. Verás, las mujeres y hombres de nuestra raza no son fértiles hasta los quinientos años.
— ¿Y la mayoría elige morir antes de que eso ocurra? —preguntó Jaejoong.
—Exacto —dijo Heechul, poniendo fin al tema—. ¡Vamos a comer!
Jaejoong trató de encontrar sentido a todo lo que había descubierto, pero pronto se dio cuenta de que estaba demasiado cansado para seguir pensando.
Durante los cinco minutos siguientes se dejó llevar por el hambre que le había estado atenazando, hasta que vio que Junsu y Heechul lo miraban sorprendidos.
— ¿Qué? —preguntó Jaejoong con la boca llena de suflé de chocolate.
Tras otro momento de silencio, Junsu se echó a reír.
—Dios mío, Jaejoong, tienes buen apetito para estar tan delgado. — Jaejoong se encogió de hombros y mordió un bollito de mantequilla.
—Bueno, la verdad es que tengo hambre cuando estoy muy cansado.
Heechul lo miró sorprendido y luego pareció pensar en otra cosa.
—Voy al cuarto de baño, queridos. No te acabes los panecillos, Jaejoong. ¡Todavía no he empezado a comer en serio! —dijo Junsu, abandonando la mesa entre risas.
Al poco rato, Jaejoong se volvió hacia Heechul.
— ¿Qué fue lo que te llamó antes la atención?
—Oh, nada, es que a nosotros nos pasa lo mismo. Sólo tenemos hambre cuando nos esforzamos demasiado físicamente.
—Ah —murmuró Jaejoong, sonriendo tras un momento de reflexión—. Entonces supongo que algunos de esos comensales que he sorprendido en las fiestas con montones de comida debían de ser vampiros.
Heechul sonrió.
—No lo creo, Jaejoong —dijo Heechul con suavidad—. Nuestro apetito es por una clase diferente de nutriente.
—Ah.
Jaejoong se sentía algo tonto y descentrado. Era fácil olvidar que Heechul no era humano. Su amigo era un vampiro y los vampiros vivían cientos de años con un alimento de una clase diferente.
Heechul puso la mano sobre la de Jaejoong.
—No bebemos sangre humana.
—Lo sé —dijo Jaejoong asintiendo con la cabeza, aunque la voz le salió como un chirrido.
—En realidad no es tan horrible como parece. La mayor parte de las veces se sirve en vasos… como el vino tinto.
—Jaejoong, por favor, no sigas. Ya sé que tienes buena intención, pero las comparaciones no lo harán más fácil de… bueno… de digerir —dijo Jaejoong, dirigiendo una lánguida sonrisa a su amigo.
—Supongo que no querías hacer un juego de palabras —dijo Heechul secamente.
— ¿Qué juego de palabras? Yo… — Jaejoong tardó un momento en recordar lo que había dicho y luego se echó a reír.
—Por Dios, Heechul, eres insoportable.
—Gracias, he estado practicando durante siglos —respondió el otro y Jaejoong rió con más ganas.

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—Estás precioso.
Jaejoong miró la tela verde clara de su vestido de noche y se preguntó por qué el corazón no le daba un vuelco como cuando Yunho le había dicho aquellas mismas palabras.
—Gracias.
Hyun Joong le puso la mano bajo la barbilla y le levantó la cabeza.
—No eres sincero, Jaejoong. ¿Por dónde vaga tu mente?
Jaejoong se sorprendió al ver que Hyun Joong podía entenderlo con tanta facilidad, aunque tampoco tenía por qué asombrarse. Después de todo, él era más atento que la mayoría, y muy gentil. Sí, era gentil y dulce, y estaba muy atractivo con el traje de etiqueta.
Tenía que estar loco para no sentirse afectado por aquel hombre al que miraban con interés varias señoras presentes en la sala de recibo de los Joo.
—Admito estar algo distraído, pero me halaga que te hayas dado cuenta.
—Y por tu tono yo diría que te sorprende. ¿Por qué, Jaejoong, si sabes el interés que siento por ti?
Jaejoong se salvó de tener que responder gracias a un lacayo que se acercó con expresión de disculpa.
—Señor, un mensaje.
—Discúlpame, enseguida vuelvo —dijo Hyun Joong, recogiendo la misiva y saliendo de la habitación.
Irritado consigo mismo por sentirse ligeramente aliviado, Jaejoong se volvió y divisó a su hermano entre el grupo reunido al lado centro de la gran pared acristalada, que daba a un jardín bellamente iluminado, estaba el elegante piano de cola. Las filas de asientos para el público también eran únicas. En vez de las sillas que normalmente se alineaban para las veladas musicales, en la sala sólo había cómodos sofás colocados en semicírculo, de manera que cada oyente tenía una bonita vista del piano y de los jardines que había detrás.
Las exclamaciones de admiración de los invitados iluminaron de placer el rostro de Lord Joo.
Acompañó a Jaejoong hasta el piano y los demás tomaron asiento.
—Tenemos disponibles partituras de varios compositores. ¿Tenéis algún favorito?
—Mozart —dijo Jaejoong sin vacilar.
—Ah, una elección muy popular, aunque he de decir que es poco habitual que un persona como usted desee tocar sus obras —comentó Lord Joo mientras rebuscaba en un montón de partituras que había al lado del piano.
Jaejoong se mordió la lengua. Sabía por experiencia que muchos hombres creían que las composiciones de Mozart eran demasiado enérgicas para ser interpretadas por una mujer  o un hombre como él, eso no iba con Jaejoong. Mientras hiciera justicia a su obra, se sentiría satisfecho.
—No necesitaré la partitura —dijo Jaejoong con educación.
Lord Joo se detuvo con los ojos abiertos como platos.
— ¿Tocaréis de memoria?
—Sí —respondió Jaejoong.
Lord Joo, sin nada más que decir, asintió con la cabeza y fue a reunirse con su esposa en el sofá más próximo al piano.
Jaejoong ajustó el asiento para pisar con comodidad los pedales y se volvió para dirigirse al público, que había quedado en silencio.
Changmin estaba sentado a su izquierda con una joven que parecía a punto de caerse muerta. La hija de Lord Joo había sido elegida como compañera de Changmin para la cena de esa noche, y Jaejoong no dudaba que sus padres estarían encantados de que los dos formaran pareja.
—Voy a interpretar la Fantasía en re menor, una composición de Wolfgang Amadeus Mozart.
Hubo cierta agitación, que Jaejoong pasó por alto mientras apoyaba los dedos en las teclas del piano. Respiró hondo, flexionó las muñecas y comenzó.
El aire se llenó de música y el tiempo cesó de importar mientras Jaejoong se hundía en un mundo diferente, un mundo hermoso, armonioso: un mundo sin problemas.
Su impecable interpretación satisfacía contra su voluntad incluso a los invitados más escépticos. Las notas iban surgiendo mientras el tictac del reloj del pasillo marcaba el tiempo de la melodía y, cuando la pieza terminó, fue premiada con un clamoroso aplauso.
—Sorprendente, querido, absolutamente maravilloso —dijo Lady Joo, llevándose el pañuelo a los ojos—. ¿Le importaría tocar otra?
Jaejoong miró a Lord Joo mientras varios invitados repetían la petición.
—Nos encantaría que nos honrarais con otra pieza —imploró Lord Joo.
Jaejoong asintió y se volvió hacia el piano, luego vaciló. Las lámparas que iluminaban el jardín daban una luz maravillosa. Quizá fuera una idea ridícula, pero decidió preguntarlo a pesar de todo.
Tenía que ser influencia de Junsu, pensó compungido, volviéndose hacia Lord Joo.
—Estaba pensando, Lord Joo, que quizá no le importaría que apagásemos las luces. No necesito leer la partitura y el jardín estaría mucho más hermoso, ¿no le parece?
— ¡Es una idea fantástica! —Exclamó Lord Joo para alivio de Jaejoong —. ¡Diré a los criados que se ocupen de ello al instante!
Jaejoong miró con desenfado a los caballeros que aseguraban a las damas que no debían temer a la oscuridad estando cerca ellos. Changmin, en cambio, no ofrecía ningún consuelo a nadie, ya que Miss Joo parecía emocionada ante la idea de asistir a un concierto a oscuras.

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Yunho oyó la música y supo sin ningún género de duda que él estaba tocando.
—Es muy hermoso, ¿verdad? —susurró Junsu, colgado del brazo de su marido mientras los tres seguían a una doncella hasta la sala de música.
Yunho no escuchó la respuesta de Yoochun; estaba cautivado. La música llenaba su pecho y resucitaba todos sus sentidos. Era impresionante, como él.
Durante un momento, Yunho pensó en dar media vuelta y salir de allí. Yoochun le había convencido de que necesitaba un descanso en la investigación y que debía unirse a ellos para asistir a aquella velada. Si hubiera sabido que Jaejoong iba a estar allí, habría reconsiderado la oferta. Cada vez que lo veía, le resultaba más difícil resistir la tentación.
La tentación de tocarlo. La tentación de besar sus labios. La tentación de hacerlo suyo.
Aquella madrugada había conseguido alejarse de Jaejoong, aunque a duras penas.
Pero no se fue. No podía irse, y al poco rato estaban en la entrada de la sala de la que procedía la música.
Yunho se sorprendió al ver que tocaba a oscuras. Distinguió varias figuras sentadas alrededor del piano de cola, iluminado en parte por la luz de la luna.
Junsu se agitó a su lado cuando los tres se detuvieron a observar.
Jaejoong estaba sumido en la oscuridad y su cuerpo era una extensión del instrumento que parecía haberse apoderado de su alma como Jaejoong de la suya. Todos parecían contener la respiración mientras las notas iban surgiendo de sus manos.
Cuando sus dedos tocaron la última nota, reinó un silencio total.

Sé mío.

Transmitió el pensamiento antes de ser consciente de que lo estaba haciendo. Lo quería como nunca había querido a un ningún otro. Muchos vampiros tenían amantes humanos, no era inusual. Si Jaejoong se convertía en su amante, le resultaría mucho más fácil cumplir con sus obligaciones de guía.
Sí, Jaejoong era inocente y había parecido inseguro, pero también le quería, de eso estaba convencido. Si se hacían amantes, podría visitarlo cuando quisiera y pronto aquel deseo irracional por Jaejoong le abandonaría, y podría empezar a concentrarse de nuevo, algo que no había podido hacer desde que lo había conocido.

Sé mío.

El pensamiento entró en la cabeza de Jaejoong y lo obligó a apartar las manos de las teclas del piano. ¿Había dejado que el bloqueo se retirase mientras tocaba? La voz parecía de Yunho, aunque debía de estar confundido. No sólo no estaba allí, sino que nunca habría pensado aquellas palabras.
Recorrió al público con la mirada mientras estallaban los aplausos. Se había dejado llevar por la música, simplemente. Le sucedía a menudo. Una vez se había quedado tan ensimismado tocando el movimiento «allá turca» que habría jurado que oía trompetas y tambores.
— ¡Increíble! — Lo elogió Lord Joo mientras varios criados volvían a encender las luces de la sala—. Ha sido absolutamente fantástico.
—Gracias —dijo Jaejoong, ruborizándose ante el halago. La ovación aún no había terminado y se sintió algo cohibido.
— ¡Ah! Aquí están los demás invitados —exclamó Lord Joo al ver a Junsu —. Excelencias, es un honor que hayan venido, y príncipe Jung, que maravillosa sorpresa. Sean muy bienvenidos.
Jaejoong abrió los ojos como platos al ver a Yunho. ¡Estaba allí! Pero no era posible que él le hubiera enviado aquel pensamiento.
Changmin le tapó la contemplación del hombre fascinante que estaba en el otro extremo de la sala atrayendo las miradas de todas las mujeres presentes.
—Ha sido maravilloso.
Su corazón, que había dado un vuelco al ver a Yunho, emprendió una extraña danza. Se mordió el labio. La sonrisa de Changmin era descorazonadora, la distancia entre ellos aún más difícil de soportar. Ojalá pudiera confiarse a él.
—Gracias.
Su hermano alargó una mano para ajustarle una horquilla del peinado.
—Siempre tocas con una pasión muy poco delicada —dijo—, pero no podría estar más orgulloso.
Se sintió emocionado y deseó abrazar a su hermano, como tantas veces había hecho en su vida.
—Changmin, te quiero. Creo que nunca lo digo bastante.
Changmin cogió las manos de su hermano y miró los dedos que tanta magia procuraban.
—Yo también te quiero. No lo entiendo muy bien, pero te he echado de menos estos últimos días.
Jaejoong sí lo entendía, demasiado bien, pero no podía decir nada.
Changmin se echó a reír y le acarició la mano.
—Y bien, ¿dónde está Hyun Joong?
Jaejoong se encogió de hombros, contento por el cambio de tema.
—Tuvo que irse. Su madre está enferma. Me pidió que le disculpara.
—Qué raro, creía que su madre…
— ¡Buenas noches! —dijo Heechul, apareciendo al lado de Changmin con una sonrisa.
Distraído, Jaejoong se volvió hacia su amigo.
—Heechul, creo que no has sido formalmente presentado a mi hermano.
Changmin hizo una leve inclinación y sonrió.
—Shim Changmin, a su servicio.
Heechul rió y los ojos le brillaban de admiración.
—Llámeme Heechul y el placer será mío. He oído hablar mucho de usted, príncipe. Permítame decir que si va a ser tan fabuloso como marido que como hermano, tengo varias amigas que me encantaría presentarle.
Changmin no se inmutó ante aquella presentación tan poco convencional, pero Jaejoong tragó saliva y lanzó una mirada suplicante a su amigo.
—Heechul, por favor… —fue a decir con media sonrisa, pero fue interrumpido en el acto por su hermano.
—Entonces, ¿está usted casado, Heechul?
Jaejoong no podía creer lo que estaba oyendo. ¡Y Heechul se reía! ¡Vaya par de provocadores!
— ¡Haced el favor de callar de inmediato! Alguien podría oíros y eso sería el fin de mi reputación —susurró.
Heechul agachó la cabeza y lo miró con expresión inquisitiva.
—Pero si tú ya estás prácticamente casado con ese atractivo diablo, ¿para qué necesitas una buena reputación?
Changmin se echó a reír y Jaejoong sacudió la cabeza con contrariedad. Por fortuna, Lord Joo eligió aquel momento para anunciar que la cena estaba servida.
Changmin se excusó y se dirigió hacia Miss Joo, que esperaba para ser acompañada al comedor.
Lady Joo apareció a su lado justo cuando Heechul empezaba a quejarse de su compañero de mesa.
—Oh, cariño, lo siento muchísimo, pero Lord Hyun Joong ha tenido que irse debido a una urgencia. — Aunque ya debía de estar enterado, pobre, oh, querido, espero que no esté demasiado disgustado. —La mujer parecía muy contrariada por el giro de los acontecimientos y Jaejoong trató de calmarla.
—No se preocupe, Lady Joo, por favor. Lo entiendo perfectamente.
—Puede quedarse con mi compañero de mesa —dijo Heechul —. Después de todo, es razonable que un viudo se siente solo.
Jaejoong lanzó una agria mirada a Heechul.
¿Qué estás haciendo?, pensó con cierta irritación.
La risa de Heechul resonó en su cabeza antes de que su amigo se explicara.
Intento ver si me libro del engreído que Lady Joo me ha endilgado. Tuve que sentarme con él en otra ocasión y tiene una vanidad realmente intolerable.
Por suerte, Lady Joo protestó a favor de Jaejoong.
—Oh, pero Lord Soon se ha encariñado tanto con usted, Heechul… Véalo en la puerta, esperando a que termine la conversación.
—Le aseguro que no supone ningún problema, Lady Joo —dijo Jaejoong antes de que Heechul pudiera seguir con su plan para librarse de su compañero de mesa.
Lady Joo pareció aliviado.
— ¡Bien, es usted muy amable, querido, aunque tiene que estar muy consternado! Haré que su hermano venga a acompañarlo en cuanto haya sentado a mi hija.
Jaejoong iba a decirle a la mujer que aquello era perfecto cuando alguien se le anticipó.
— ¿Podría tener el honor?
La profunda voz de Yunho recorrió la piel de Jaejoong, poniéndole el vello de punta. Estaba empezando a odiar aquella habilidad para aparecerse ante él como un fantasma.
— ¡Príncipe Jung! —Lady Joo estaba radiante cuando se volvió hacia él.
—Ya que he llegado inesperadamente, yo tampoco tengo compañía —explicó Yunho.
—Oh, pero nos ha emocionado a todos con su llegada, príncipe Jung, se lo aseguro. Todos mis amigos se mueren porque asista a sus fiestas y ninguno lo ha conseguido. Les va a dar mucha envidia. Y el Jaejoong iba a quedarse sin compañía. Es nuestro héroe, príncipe Jung, un auténtico caballero de brillante armadura.
Armadura negra, pensó Jaejoong.
— ¿Princesa? —dijo Yunho, tendiéndole el brazo con un brillo burlón en los ojos. ¿Habría oído sus pensamientos? No, imposible, tenía el bloqueo en su sitio.
Jaejoong puso la mano sobre el brazo masculino tratando de no fijarse en el rígido músculo que tocaba.
Se dirigieron hacia el comedor en silencio, y él le retiró la silla para que se sentara en el centro de la gran mesa.
— ¡Ya estamos todos! —exclamó Junsu cuando Yunho se sentó al lado de Jaejoong. Junsu, sentado enfrente, lo señaló con el dedo—. ¡No me habías contado lo bien que tocas el piano!
Yoochun, sentado a la izquierda de su esposo, alargó la mano para indicar a un criado que no quería más pan.
—La música era de lo más gratificante. Tendremos que pedirle que toque más a menudo a partir de ahora.
—Gracias por vuestras amables palabras, me encantaría tocar para vosotros más a menudo —dijo Jaejoong mientras le ponían un plato de sopa delante.
—Un brindis —dijo Lord Joo, levantando su copa en la cabecera de la mesa—, por nuestro pianista.
Los invitados imitaron a su anfitrión y pronto todo el mundo estuvo bebiendo a la salud de Jaejoong, mientras él se ponía colorado.
— ¿Lo has pasado bien?
Jaejoong se sorprendió por la pregunta, formulada en voz baja.
— ¿Por qué no iba a hacerlo? —respondió, irritado porque él actuara de aquella forma. ¿Dónde estaba el hombre frío al que se había acostumbrado?
—Quizá has estado pensando en mí.
A Jaejoong casi se le cayó la cuchara. Era imposible que supiera que pensaba en él constantemente. Más aún, ¿cómo podía ser tan engreído para imaginar que lo hacía? Estaba a punto de hacerle un desaire cuando él añadió:
—Yo he estado pensando en ti.
Jaejoong tosió cuando la cuchara se le cayó en el plato y salpicó algo de sopa. Temiendo no ser capaz de controlar el volumen de sus palabras, recurrió a los pensamientos. Yunho lo dejó entrar.
¿A qué te refieres?
Me refiero a que no puedo concentrarme en nada por pensar en ti.
No podía hablar en serio, era imposible. Lo había rechazado la madrugada anterior, ¿no? ¿Acaso estaba jugando?
Cerró la mente y decidió entablar conversación con otras personas. El duque y su esposo estaban hablando con Lady Joo y Heechul parecía empeñado en ningunear a Lord Soon.
—Por muy agradable a nuestros oídos que sea la música, sería de desear que las mujeres  y hombres de nuestro gran país se animaran a ampliar sus conocimientos. El mundo es un lugar muy grande, ¿sabe? Cuando estuve en la India…
Jaejoong dejó de escuchar la historia de los viajes de Lord Soon hasta que oyó que Changmin decía:
—Los conocimientos de mi hermano no se limitan al piano.
Jaejoong no quería que Changmin se pusiera a conversar con aquel hombre tan pomposo. Era de los que sólo aprecian su propia opinión y no valía la pena gastar energía con él.
A pesar de todo, los invitados parecieron notar la tensión creciente y habían quedado en silencio para poder oír lo que se estaba diciendo.
—Mi querido príncipe Shim, no era mi intención ofender a vuestro hermano. Pero sería demasiado esperar que su hermano supiera de cosas más prácticas. Por ejemplo, que la capital del Imperio otomano es Constantinopla.
—Le aseguro Lord Soon, que mi hermano…
—Por favor, Changmin —dijo Jaejoong por fin. Su hermano estaba muy indignado y habría podido decir algo que sin duda causaría problemas—, creo que esto es un simple malentendido.
— ¿Y qué clase de malentendido sería, princesa Shim? —dijo Lord Soon, riéndose.
Todas las miradas se dirigieron hacia Jaejoong mientras él intentaba controlar su temperamento. Aquel individuo era el hombre más engreído de la creación.
—Creo, Lord Soon, que está bajo la impresión equivocada de que la música es algo que carece de trascendencia —respondió suavemente. No quería que la conversación entrara en el terreno personal, pues si lo hacía terminaría deseando no haber abierto la boca.
—Entonces, explicadme, ¿por qué la música es tan trascendental?
La expresión condescendiente de Lord Soon le resultaba tan irritante que Jaejoong deseó borrar aquella sonrisita de su rostro.
—La reina Isabel hizo construir un órgano a Thomas Dallam que luego envió al sultán Mehmed III, en 1599. Lo hizo como un gesto político, al saber por sus informadores de Constantinopla, que por cierto en turco otomano oficial se dice Konstantinniye, que al sultán le gustaba la música.
Lord Soon resopló. Jaejoong vio que Heechul le sonreía.
—En 1828, Giuseppe Donizetti, el hermano del famoso compositor Gaetano Donizetti, fue nombrado director de la Escuela Militar Imperial de Música a petición del sultán Mahmud II. He ahí otro ejemplo en el que se trataba de política a través de música intrascendente.
Esta vez la risa de Lord Soon fue más breve.
—Finalmente —continuó Jaejoong con un aire tan indiferente como hasta entonces—, debe recordar el viaje del actual sultán a Europa, no hará ni cuatro años. Abdulaziz, que he de añadir que donó fondos amablemente a Richard Wagner, asistió a una representación del Masaniello de Auber aquí al lado, en el Covent Garden. Una representación que dio pie a varias conversaciones políticas informales sobre importación, como el Times publicó al día siguiente.
Lord Joo se echó a reír y levantó el vaso en dirección a Jaejoong por segunda vez aquella noche.
—Vamos, Lord Soon, creo que ya le ha demostrado que tenía razón, sin ningún género de dudas. Su conocimiento de la música y de personajes políticos del Imperio otomano es más que impresionante, querido.
—Gracias —dijo Jaejoong. Si unas briznas de información habían conseguido poner a Lord Soon en su sitio, estaba más que agradecido, aunque no le gustaba discutir con aquel hombre.
Recogió la cuchara para seguir tomando la sopa que sin duda se había enfriado y vio que Yunho lo miraba con extrañeza.
— ¿Qué? —preguntó enojado. ¿Acaso no iba a tener ni un momento de tranquilidad esa noche?
—Nada, nada —respondió el hombre—. Pensaba que es una experiencia interesante verte sacar las uñas.
Jaejoong frunció el entrecejo.
—Yo no he hecho nada parecido. Habrás visto que Changmin estaba a punto de discutir con él, y yo quería evitar que eso pasara.
— ¿Así que discutiste tú con él? —preguntó Yunho con tono divertido.
— ¡No ha sido una discusión! —insistió Jaejoong.
—Lo que digáis —dijo Yunho.
Jaejoong lo fulminó con la mirada.
—Tengo curiosidad por saber si puede responderme a esto: ¿Quién gobernaba Francia en 1645? —dijo Lord Soon en voz alta, interrumpiendo todas las conversaciones otra vez.
—Si busca un certamen, Lord Soon, estoy dispuesto a concedérselo —contestó Yunho fríamente y Jaejoong le miró sorprendido. Tenía el rostro impasible, como si el asunto no le importara en absoluto, pero Jaejoong sabía que Yunho nunca hablaba sin necesidad.
—Oh, vamos ¿os vais a esconder tras el príncipe? —dijo Lord Soon riendo altivamente.
Jaejoong captó la mirada de preocupación que Yoochun lanzó a Yunho. ¿Estaba perdiendo el control? Era imposible decirlo por su aspecto.
Jaejoong guardó silencio, puso la mano sobre la rodilla de Yunho y le envió un pensamiento.
Aprecio el apoyo, pero, por favor, no te enredes con este hombre. Es un imbécil.
No permitiré que te moleste.
Jaejoong trató de no analizar a fondo aquella respuesta, pero no pudo evitar que lo envolviera una oleada de calidez.
No puede molestarme; no tiene tanta importancia como para afectarme.
Yunho asintió con sequedad, aunque para Jaejoong era obvio que lo había hecho sin ganas.
—«¡Ah, flaquea, vacila; en una palabra, es una mujer!» —citó Lord Soon. Varios invitados corearon su hilaridad, más porque se hubiera desvanecido la tensión entre los dos hombres que por la gracia que les hiciera.
Por el rabillo del ojo, Jaejoong vio que el duque ponía una mano en el brazo de Junsu. ¡Era lo que faltaba!
—Si tanto le gusta Jean Racine, quizá aprecie esta cita —dijo Jaejoong suavemente—. «La felicidad de los malvados corre como un torrente.»
—«Hay método en la maldad de los hombres: crece gradualmente.» Francis Beaumont — replicó Lord Soon, impasible.
— ¿No es preocupante que la maldad del hombre crezca? —dijo Jaejoong, sonriendo a los que la rodeaban—. Cuando «los hombres no son sino niños altos». John Dryden. —Varias mujeres rieron e incluso algunos hombres sonrieron.
—«El hombre es un fragmento vivo del universo.» Ralph Waldo Emerson —exclamó Lord Soon con fruición. Varios invitados rieron abiertamente esta vez, contentos por haber encontrado aquel extraño entretenimiento.
— ¿Cree acertado poner a todos los hombres en el mismo molde, Lord Soon, cuando hay Napoleones y reyes Arturos en el mundo? Yo diría que Horacio tenía razón al escribir que cada hombre debe medirse por su comportamiento.
Al oír aquello, varios hombres rieron por lo bajo mientras las mujeres se desgañitaban. Lord Soon se ruborizó ligeramente ante lo que el comentario implicaba.
— ¿Así que piensa? ¿Se ha convertido el pensamiento en su afición, después del piano? —dijo maliciosamente, olvidando el sentido del humor. Los invitados callaron al ver que el ambiente se cargaba.
Yunho se puso rígido, pero Jaejoong continuó.
—Vamos, vamos, Lord Soon. Creo que fue también Ralph Waldo Emerson quien escribió que los hombres pierden el control al defender sus gustos. Es obvio que las mujeres que le gustan no suelen pensar mucho, pero no hay necesidad de ponerse nervioso porque yo no pertenezca a ese grupo.
Lord Soon ya estaba de color rojo para entonces y lo miraba desde el otro lado de la mesa como si quisiera perforarle los ojos.
—Los dos grandes deberes de una mujer o un hombre virtuoso son ocuparse del hogar y estar en silencio.
Tras aquellas palabras, se hizo un silencio sepulcral en la habitación. Viendo que Yunho estaba a punto de saltar, Jaejoong pensó rápidamente.
—Creía, mi querido lord, que hace apenas unos minutos se burlaba de mí por guardar silencio ante su desafío.
Jaejoong recogió su servilleta, se secó los labios y bebió un sorbo de vino. La cólera de Yunho era algo físico y Jaejoong dio gracias a Dios porque no hubiera abierto la boca. La expresión de su mirada unos momentos antes sólo rivalizaba con la de su hermano.
El tenso silencio continuó a su alrededor, pero un diablillo lo empujó a no dejar las cosas así.
—Su debilidad se demuestra en su incapacidad de decisión —continuó Jaejoong —, y tendré que admitir también mi debilidad. He leído a menudo las palabras de George Herbert, pero hasta ahora no las había entendido: «¡Si un burro te rebuzna, no le rebuznes tú a él!».
Lord Soon se ruborizó hasta las orejas y se puso en pie, indignado.
—Esto es…
—Si supiera lo que le conviene, Lord Soon, se iría de inmediato. —La voz de Yunho era tan fría como el hielo. Lord y Lady Joo parecían estar a punto de morirse allí mismo. Changmin y el duque se habían levantado para suscribir la amenaza.
Lord Soon miró a su alrededor con una mueca y al no ver ni una sola expresión de simpatía entre los invitados, abandonó la mesa.
—Lo siento muchísimo —se disculpó Lord Joo mientras Changmin y el duque se volvían a sentar—, ha sido culpa nuestra por invitarlo. Deberíamos haber sabido que causaría problemas, como parece ser que causa en todas las reuniones a las que asiste. Pero como es pariente de mi esposa, nos sentíamos obligados, ya saben… Estamos consternados, querido.
Jaejoong ya no estaba enfadado, al contrario, se sentía culpable por haber causado aquel contratiempo a sus anfitriones.
—Por favor, no se disculpe. No debería haber desatado la lengua de esa manera, por muchas ofensas que hubiera proferido.
—Oh, no seas ridículo, niño —dijo Junsu —, sólo dijiste lo que a todos los asistentes nos hubiera gustado decir, y he de añadir que lo hiciste con mucha elocuencia.
Todos se echaron a reír y dieron la razón a Junsu. Todos menos Yunho, observó Jaejoong. El príncipe se había quedado callado tras la amenaza.
—Entonces, ¿estamos listos para el segundo plato? —dijo Lady Joo, sonriendo ahora que sus invitados estaban conversando de nuevo. Aunque aquellos minutos de tensión no habían sido agradables, sabía que su fiesta sería la comidilla de la ciudad durante los próximos días y la gente haría cola para asistir a la siguiente.
Un cosquilleo indicó a Jaejoong que Yunho quería hablar con él.
¿Sí?
Dile a tu hermano que quieres irte a casa.
— ¿Qué? —susurró Jaejoong con vehemencia, mirando al hombre que estaba a su lado. Yunho ni siquiera lo miraba. ¡Se limitaba a estar allí sentado, bebiendo vino!
Díselo o yo mismo te sacaré de aquí a rastras.
Pero ¿por qué…?
Vamos, Jaejoong.
Yo… ¡de acuerdo!
¿Jaejoong?
Sí, ¿qué?
Siwon está fuera y te seguirá. En cuanto tu hermano crea que te has dormido, te llevará a tu casa.
Querrás decir a la tuya.
Vete.
No tenía sentido discutir. ¡Aquel hombre maldito era capaz de sacarlo a rastras, sabía que lo haría!
Jaejoong llamó la atención de su hermano y trató de indicarle que quería irse, pero Changmin se limitó a mirarlo inquisitivamente.
Jaejoong desistió y se concentró para transmitirle la petición mentalmente.
¿Podemos irnos a casa, por favor?
Changmin le guiñó un ojo, sorprendido, luego asintió con la cabeza y se volvió a su compañero de mesa. Al poco rato se levantó de su silla.
—Lady Joo, Lord Joo, solicito vuestro permiso para retirarnos —dijo Changmin educadamente.
— ¿Se va príncipe Shim? —preguntó Lady Joo, decepcionada.
—Me temo que sí.
—Está bien, está bien. Nos alegramos de que haya asistido y, por si fuera poco, que nos haya honrado con la presencia de su hermano —dijo Lord Joo.
Changmin recorrió el comedor con la mirada, se despidió y tendió la mano a Jaejoong. A los pocos momentos estaban fuera de la casa.

5 comentarios:

  1. waaa maldito viejo q se cree e__e
    q bueno q JJ lo puso en su lugar
    awww yunho aunq no lo demuestre abiertamente es
    capaz de arrancarle la cabeza a alguien q trate de herir a su Boo ♥
    asdadas gracias x la actu !!

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  2. Me encanto, la verdad que Jae hizo muy bien en contestarle a ese hombre aunque lo hizo con tanta gracia, fue genial.
    Yo estaba esperando que Ynuho lo saque a patadas por insolente pero Jae lo hizo bien el solito jajajaj.

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  3. Bien Jae así se hace respetar ...
    Ese viejo pedante jum ...
    Yunho no puedes pensar en Jae como tu amante, él vale más que eso

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  4. Jajajaja las pláticas/ discusiones del YooSu son divertidas xD
    Mendrugo YH, comprende que tu eres un vampiro experimentado y JJ no, es normal que este asustado >_> y bien que te quieres aprovechar xD
    Apestosa viejo, como se atreve a tratar así a JJ o.ó? Lo bueno es que YH lo defendió y que JJ le dio varias cachetadas con guante blanco ^o^

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  5. Es lógico que Jae tenga miedo a sentir lo que siente por Yunho porque no tiene ninguna experiencia en el amor, pero ahora que lo siente Yunho lo excita, enoja, lo hace reír, etc., al menos Yunho le insinuara que quiere casarse con el, creo que Jae seria menos esquivo con el.

    Que bueno que Jae puso en su lugar a ese hombre tan presuntuoso, no acepta que cualquier mujer es mas inteligente que el, y mas Jaejoong, que aunque es hombre, va vestido de mujer.

    Yunho debería declararse a Jae, pues temo que KHJ lo haga antes, ademas de que creo que es el asesino que confabula con Seong Min, ademas de que creo que engaña a Heechul, pues le esta pasando información, creyendo que los esta ayudando.

    Gracias!!!

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